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Semana Santa: Una Oportunidad para el Encuentro y un Desafío para la Vida

Semana Santa: Una Oportunidad para el Encuentro y un Desafío para la Vida

Estamos a las puertas de una nueva Semana Santa. Como cada año, volveremos a encontrarnos con sus hermosos signos: los ramos y las alabanzas del Domingo de ramos, el lavado de pies y el pan y el vino de Jueves santo, la cruz del Viernes y el fuego de la vigilia del sábado en la noche. Y a fuerza de vivir cada año los mismos ritos y la misma celebración cabe la posibilidad de que la mera costumbre vaya enfriando el entusiasmo de la fe primera. Por eso la Semana Santa siempre será una oportunidad y un desafío.


La Semana Santa es una gran oportunidad. Como ningún otro en el año, es un tiempo privilegiado para volver a entrar en contacto profundo con lo que es el centro de nuestra fe. La persona de Jesús de Nazaret. La posibilidad de una pausa de serenidad durante varios días, es también la ocasión para contemplarlo más detenidamente como nuestro amigo y señor.

Acompañarlo en los días más intensos de su camino, y tratar de comprender con nueva profundidad cuál es el motor de su vida, cuáles son los sentimientos que asoman desde su interior: la valentía y determinación del Domingo de ramos, a la vez que la preocupación y la pasión por su pueblo que clama. La angustia creciente del Jueves Santo resonando al mismo tiempo con el deseo de consolar a sus discípulos y amigos.

El abandono y el sufrimiento radical, la sed del Viernes Santo, seguido del silencio agobiante del Sábado. Finalmente la alegría renovada e indestructible del Domingo de resurrección.

Entrar en sintonía con los sentimientos de Jesús, nos ayudará a renovar nuestra relación con Él y a reconocer una vez más su amor sin medida, como contrapunto de todo lo que sentía, como la armonía que va embelleciendo la melodía más evidente, un amor más hondo que cualquier sentimiento. La Semana Santa es efectivamente una gran oportunidad para poder decir desde el corazón “ese que he contemplado a lo largo de estos días, ese que vivió y sufrió todo esto, es el mismo que me sale al encuentro hoy y cada día si estoy dispuesto a abrirle un espacio en mi vida”.

Ser cristiano significa haber experimentado el encuentro con el Resucitado, Quien, pleno de vida, no quiere otra cosa que darme la vida plena hoy, siendo que la vida plena es saberse caminando a su lado, y la Semana Santa una hermosa oportunidad para volver a experimentarlo.

Pero también, la Semana Santa siempre nos plantea un importante desafío, hermoso pero exigente. El drama de Semana Santa es el drama de nuestro mundo.

Contemplar de corazón la cruz del Viernes sensibilizará nuestra mirada interior para reconocer la cruz de nuestro mundo y a sufrir con él. El encuentro con Jesús resucitado el Domingo nos regalará la entusiasmante convicción de que vale la pena empeñar la vida por amor, de que tiene sentido esforzarse para acompañar y ayudar a superar los sufrimientos de quienes nos rodean.

La alegría de la Resurrección nos plantea la pregunta ineludible “¿y tú, de qué manera darás la vida?, ¿de qué modos irás dando Vida?”

Que en esta Semana Santa que ya llega, podamos aprovechar la hermosa
oportunidad que nos ofrece y aceptar el apasionante desafío que nos plantea. Que podamos renovar la alegría de ser discípulos y discípulas del Resucitado.